miércoles, 7 de enero de 2015

Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo

Como diría Doris de "Buscando a Nemo": "Que simpática promesa"

Una promesa simpática que me mantiene en pie día a día ¿Que estúpido, no? Confiar ciegamente en las promesas dichas por un tipo supuestamente resucitado, que vivió así más de 2000 años, si es que vivió. Sin embargo, de eso se trata la fe. Y de eso se trata mi vida.

Como ya conté anteriormente, Dios llegó a mi vida cuando yo era muy jovencita, en una época jodida de la existencia llamada "adolescencia". Pero lo que no conté es que Él siempre estuvo a mi acecho, ahí, esperándome. A cada vuelta de la esquina.

Trate de esquivarlo. De hacerme la tonta. de hacer de cuenta que no sentía esa presencia que no se compara con ningún organismo vivo (ni muerto). Pero cada vez que me preguntaban "¿Crees en Dios?" yo saltaba cual Hermione Granger a soltar la inevitable respuesta "Claro que creo"
Y se que Jesús desde alguna parte sonreía burlonamente. Pero con cariño, porque estamos hablando de Jesús.

Al tiempo que tocaba, le serví. Luego me aparte de la Iglesia. Y luego volví a servirle. Asi muchas veces, porque aunque me iba sentía que el no me había abandonado. Lo sentía cuando viajaba grandes distancias, sola, de noche. Cuando elevaba los ojos a los montes, al cielo, al techo (el de mi casa, el de una clínica, el de un atestado hospital) Cuando clavaba la mirada en el piso y le decia al otro "Bien, ganaste". No, el nunca me abandono.

¿Quien soy yo para hacer lo mismo?

Lo reconozco. A veces tengo que llegar a la Iglesia con mi alma literalmente arrastrándose de cansancio y frustración. Pero con dolor, con desesperanza, feliz o triste, siempre tengo fuerzas para cantar y escuchar. E incluso pararme en el púlpito y hablar. Levantar la mirada al pueblo y decirles que Jesús estaba con ellos, que no se rindieran, cuando yo me sentía rendida.

Es lo que aprendí de los cristianos. Sobre todo de los algo violentos apostoles. A seguir peleando. Cansado. Arrastrandote. Agonizando. No dejar de pelear nunca.


Nunca.