lunes, 18 de abril de 2016

Tú y yo estamos locos.

La gente nos llama locos a nosotros, los evangelistas. En realidad, a todos los que profesan alguna fé.
Pero el evangelista los provoca.
El cristiano pentecostal no tiene miedo de gritar una aleluya. De cantar tan fuerte que se lo oiga desde la esquina de la calle en la que esta su Iglesia. El evangelista no tiene miedo de vestirse demasiado formal, de llevar la Biblia en la mano, y de saludar a sus hermanos (¡hermanos!) en la calle, con un sonoro "¡Paz!", nuestro equivalente al judio Shalom.
Decir en voz alta que sos evangélico puede producir ninguna reacción, pero he visto gente retroceder ante la aclaración, como si uno dijera "Tengo gripe", como si la fé fuera contagiosa.
Ojalá lo fuera.

Podés decirle "loco" a un evangelico, y solo si te dice "Amén" sonriendo, sabrás que estás ante un autentico cristiano.