jueves, 25 de septiembre de 2014

Himnos con fervor cantad ♫

Una de las cosas que llamó más mi atención cuando empecé a concurrir a la iglesia eran los himnos que cantaban. La música en general, la que nacía en la Iglesia y moría en ella.
La orquesta está formada por guitarras, acordeón, panderetas (actualmente en desuso) y tambor. El líder de la misma es un muchacho joven, más joven que yo. Recuerdo que en una época ambos estábamos en peligro de perder nuestras vidas, así que ahora me alegro de verle bien y dirigiendo los himnos de la Iglesia.
Acerca de eso: Las predicas/sermones de los miembros de la iglesia se ven seguidas de una o varias canciones, a veces entonadas por toda la iglesia. En este caso, el líder de la orquesta anuncia a la Iglesia que himno de "Los himnos de Sión" vamos a entonar todos juntos. Este himnario, por cierto, es singularmente viejo. Se dice que el himno número tres fue tocado por el cuarteto de cuerdas del Titanic. Como ven, es realmente viejo. Pero seguimos la enseñanza de un libro más viejo que la imprenta, asi que...

La otra opción para la música es que un grupo determinado cante algo, por ejemplo el grupo de Hermanas (mujeres casadas que incluso tienen días de reunión propio, además de los cultos generales) y el grupo de Jóvenes (que es en donde estoy yo, y estaré hasta que me case. Nuestra reunión particular es por lo general una vigilia)

También pueden tocar y cantar ante la Iglesia solistas, duetos, y otros grupos reducidos.

Volviendo al principio, después de estas explicaciones, las canciones y la alabanza en general fue una de las cosas que más me atrapó. Me resultaba curioso ver a más de doscientas personas cantar y tocar instrumentos con tantas ganas (porque de verdad cantamos a todo pulmón, de ahí que las iglesias pentecostales seamos las "ruidosas" del grupo evangélico). Me parecía conmovedor ver a ancianos, jóvenes y niños cantarle canciones a su Dios. Venía de la católica, así que creo que eso habrá influido en mi impresión, pero sin duda era algo maravilloso.

Hoy en día disfruto de cantar en la Iglesia tanto como cualquiera, pero sentadita en mi banco, o con el grupo de jóvenes. Cantar no es mi talento particular y no tengo porque torturar los Divinos Oídos con mis chillidos desafinados. Que Dios me perdoné, y seguro que lo hace.

viernes, 19 de septiembre de 2014

En las aguas

En las aguas del bautismo
Hoy confieso yo mi fe

La orquesta de la iglesia tocaba las melodías del himno 143 de "Los himnos de Sión", mientras la iglesia cantaba a todo pulmón la letra.
Estaba de pie, junto a mi hermana, en el altar. A nuestro lado estaba el pastor líder de nuestra iglesia (por decirlo de algún modo que se entienda, en realidad su cargo era "anciano).
Era septiembre, pero hacia algo de frío todavía. Me había levantada-do muy temprano ese día. Tenia sueño, y estaba despeinada a causa de la humedad. Con ropa ligera y un guardapolvo blanco encima. Enfrente a toda la iglesia.


Jesucristo me ha salvado
Y en su amor me gozaré.

"Ahora, nuestra hermana Ayelén hará su confesión de fe, repitiendo estas palabras: Dejo al mundo, y sigo a Cristo"
Recuerdo que cuando me hablaron de eso por primera vez, me aterré. Pensé que había caído, por segunda vez, en las garras de una secta extraña. Caer dos veces en la misma trampa es una especie de especialidad mía. Pero no fue así. Entendí que se referían al "mundo" como el mundo en el que vivía antes de conocer a Cristo. En fin.
"Dejo al mundo y sigo a Cristo", dije con mi voz cargada de fuerza y convicción, que me acompañaría en casi todo momento a partir de ese día, cada vez que tenia que enfrentar a la congregación.

En las aguas humillado
A Jesús siguiendo voy

Habiendo hecho lo que llamamos mi confesión de fe, fui conducida a la piscina bautismal. Esta consta de una pequeña pileta de azulejos celestes, con un escalerita, generalmente escondida en el altar. Allí me esperaba aquel pastor de ascendencia alemana, el que jamás aprendería a pronunciar bien mi nombre.

Desde ahora para el mundo
Y el pecado muerto estoy.

"Ahora, te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Ni siquiera llegue a decir amén. Con mis manos cruzadas en el pecho, y las suyas en mi espalda y en mi cabeza, fui sumergida por completo. Apenas duró unos segundo, pero puedo jurar que quise haberme quedado ahi durante horas, de haber podido. El bautismo es, a mi ver, la consumación máxima del compromiso con Dios. Es como firmar un contrato. Algo así.

A las aguas del bautismo
Me llevó la contrición;
Desde ahora me consagro
Al que obró mi redención.

Quiero pensar que el himno no se refiere a que no voy a pecar nunca más. Vamos, que para infalible ya esta Dios. Quiero creer que significa que haré mi mejor esfuerzo por no hacerlo. Después de todo, el contrato ya esta leído y firmado.

Chorreando agua por las escaleras y el altar, salgo a los baños por una puerta cercana a la piscina, donde me recibe una vieja amiga, rodeándome con una toalla y bendiciéndome eternamente.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Por el mundo id

Pensé mucho en si estaba bien hacer esto o no. Me refiero a si podría ser irrespetuoso. Para Dios, no para la religión en general. Sí, me importa lo que podría llegar a pensar Dios de lo que vaya a hacer, es para mi más una persona que una divinidad dictadora. No, no tengo miedo de que otro cristiano lea esto y se ofenda.

La función de este blog es contar como vivo el evangelio, como es esta fé que se convirtió en la base de mi forma de vida, pero no en su totalidad. Contar como yo veo su mundo.

Si alguien leyera este blog alguna vez, lo siento. Pero esta es mi forma de decirle Hey, Dios. Me importas y no me avergüenzo de vos. Y de hablar de mi Iglesia, incluso, sin tener que maquillar lo que me gusta y lo que no.


Quizá este evangelio no sea oficial, pero nunca podrán tacharlo de apócrifo.