En las aguas del bautismo
Hoy confieso yo mi fe
Hoy confieso yo mi fe
La orquesta de la iglesia tocaba las melodías del himno 143 de "Los himnos de Sión", mientras la iglesia cantaba a todo pulmón la letra.
Estaba de pie, junto a mi hermana, en el altar. A nuestro lado estaba el pastor líder de nuestra iglesia (por decirlo de algún modo que se entienda, en realidad su cargo era "anciano).
Era septiembre, pero hacia algo de frío todavía. Me había levantada-do muy temprano ese día. Tenia sueño, y estaba despeinada a causa de la humedad. Con ropa ligera y un guardapolvo blanco encima. Enfrente a toda la iglesia.
Jesucristo me ha salvado
Y en su amor me gozaré.
Y en su amor me gozaré.
"Ahora, nuestra hermana Ayelén hará su confesión de fe, repitiendo estas palabras: Dejo al mundo, y sigo a Cristo"
Recuerdo que cuando me hablaron de eso por primera vez, me aterré. Pensé que había caído, por segunda vez, en las garras de una secta extraña. Caer dos veces en la misma trampa es una especie de especialidad mía. Pero no fue así. Entendí que se referían al "mundo" como el mundo en el que vivía antes de conocer a Cristo. En fin.
"Dejo al mundo y sigo a Cristo", dije con mi voz cargada de fuerza y convicción, que me acompañaría en casi todo momento a partir de ese día, cada vez que tenia que enfrentar a la congregación.
En las aguas humillado
A Jesús siguiendo voy
A Jesús siguiendo voy
Habiendo hecho lo que llamamos mi confesión de fe, fui conducida a la piscina bautismal. Esta consta de una pequeña pileta de azulejos celestes, con un escalerita, generalmente escondida en el altar. Allí me esperaba aquel pastor de ascendencia alemana, el que jamás aprendería a pronunciar bien mi nombre.
Desde ahora para el mundo
Y el pecado muerto estoy.
Y el pecado muerto estoy.
"Ahora, te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Ni siquiera llegue a decir amén. Con mis manos cruzadas en el pecho, y las suyas en mi espalda y en mi cabeza, fui sumergida por completo. Apenas duró unos segundo, pero puedo jurar que quise haberme quedado ahi durante horas, de haber podido. El bautismo es, a mi ver, la consumación máxima del compromiso con Dios. Es como firmar un contrato. Algo así.
A las aguas del bautismo
Me llevó la contrición;
Desde ahora me consagro
Al que obró mi redención.
Me llevó la contrición;
Desde ahora me consagro
Al que obró mi redención.
Quiero pensar que el himno no se refiere a que no voy a pecar nunca más. Vamos, que para infalible ya esta Dios. Quiero creer que significa que haré mi mejor esfuerzo por no hacerlo. Después de todo, el contrato ya esta leído y firmado.
Chorreando agua por las escaleras y el altar, salgo a los baños por una puerta cercana a la piscina, donde me recibe una vieja amiga, rodeándome con una toalla y bendiciéndome eternamente.
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